lunes, 9 de marzo de 2015

La Venganza de la Flaca

(Desde la discusión en Burger King hasta el final, es ficticio. Giovanni y la Flaca son personas reales. Yo estuve presente en la guagua esos días y lo cuento como recuerdo. No apto para niños pequeños debido a las ideas que podría dar. Sugiero discreción.)

            Eran aproximadamente las dos y cuarto de la tarde de ese fatídico día en el cual habían cerrado la carretera 111 en dirección de San Sebastián a Moca. La eficiente construcción estaba cediendo ante los riachuelos subterráneos muy comunes en la zona pero esa no es la cuestión de esta historia. La cuestión es que Giovanni iba en el autobús. Si, ese mismo, el del congelador.
            Habían pasado varios días de esa traumática experiencia y de su salida del hospital. Y seguía siendo el mismo. Esa mañana había llegado con bastante interés en molestar. Pero escogió mal su blanco y decidió molestar a la Flaca de Emergencias Médicas.
            –¿A ti te gusta el corned beef? –le preguntó la Flaca a su amiga, la Bajita.
            –Si, con arroz blanco y unas papas fritas por el lao’ –le respondió esta.
            La Flaca la miró riéndose. Ella no entendía nada y como allí estaban reunidos varios de los estudiantes a los cuales les encantaban los relajos, los demás nos reíamos con sus idioteces.
            –Lo que dicen del corn beef no es nada bueno. ¿Verdad? –me preguntó.
            –Bueno, hasta donde tengo entendido eso se hace de lo que sobra de la res–. Fue mi respuesta y luego me encogí de hombros para repetir nuevamente lo antes dicho.
            –A mi me dijeron que eso estaba hecho del pene de los caballos –dijo la Flaca con expresión seria.
            Algunos estudiantes se rieron y otros comentaron por lo bajo pero por lo general hubo silencio. Un silencio que solo era roto por los boquetes que tenía la carretera. Y de repente llegó el inesperado comentario (de la ladilla, digo, persona más inesperada) que nos hizo el día.
            –Entonces a ti te gusta el corned beef, ¿verdad?
            Al principio nadie podía creer lo que había dicho. Pero después todos los que íbamos en el autobús estallamos a carcajadas y así fue durante todo el camino de vuelta a San Sebastián. La Flaca, obviamente enojada, gritó, le dijo de perro muerto para abajo, lo amenazó con abofetearlo e intentó tirar un chiste igual o mejor pero no le salió. Así que esa tarde lluviosa regresó a su casa muy enojada mientras Giovanni iba sonriente. Pero eso no le duraría mucho.
Al otro día le preguntaron cuantas novias había tenido. Él dijo que había tenido menos novias (3) que la cantidad de novios de la Flaca. Esa respuesta provocó nuevamente las risas de todos los compañeros pero no de ella, quien repitió todos los insultos y amenazas del día anterior más una tanda de nuevos. Y así siguió creciendo la tensión entre ambos hasta que llegó un punto en que se enredaron a discutir en un Burger King, ante la mirada de empleados, clientes y el mismo dueño. Pero un día llegó el dulce momento de la venganza.

            Varios meses después, el siempre inteligente Giovanni se cortó con uno de los cuchillos por estar intentando enamorar a una de las muchachas de repostería. Le echaron sal pero se la quitó por que ardía. Intentó cocinar con guantes pero le molestaban. Así que decidió irse a Emergencias Médicas para que le descontaminaran la herida.
El salón de Emergencias Médicas era espacioso, con varias estanterías repletas de libros de anatomía y medicina, varias mesas con maniquíes para practicar primeros auxilios, camillas y carteles que mostraban los nombres de todos los músculos, huesos y órganos humanos.
            Apenas se asomó a la puerta, lo agarraron entre dos estudiantes y lo sentaron mientras un tercero cerraba la puerta con seguro. Ambos estudiantes lo sujetaron con fuerza para que no se levantara mientras el otro buscaba las vendas, las pomadas, la aguja y el hilo. Y justo en ese momento se levantó la Flaca, quien estaba observando todo desde el fondo del salón.
            –Yo atenderé a este –dijo mientras en su rostro se dibujaba una enorme sonrisa macabra.
            Giovanni se retorció e intentó gritar pero lo amordazaron. Con toda la calma del mundo, la Flaca preparó la aguja con el hilo y acercándose a él le agarró la mano, demostrando tener demasiada fuerza en un cuerpo de apenas cien libras y mojado.
            –Tranquilo, que no te va a doler –le prometió y le untó el yodo apretando la herida.
            Ni la mordaza silenció el grito. Sin preocuparse mucho, limpió un poco más la herida y luego le espetó la aguja con ganas. A Giovanni se le aguaron los ojos pero se tranquilizó un poco. Cuando la herida estuvo cosida, la Flaca se acercó y le dijo al oído:
            –¿A quién le gusta el corned beef ahora? ¿Quién es puta? Vuelve y di algo que el corned beef lo van a hacer de ti, ¿entendiste?

Cuando regresó al salón estaba sudando y actuaba muy extraño: hizo su trabajo rápidamente y sin decir ni una sola palabra o chiste mongo. En el autobús me enteré de lo sucedido y fue por dos cosas: la risa de ella al verlo y el terror de Giovanni al mirarla. Resulta que ella se lo contó a sus amigos y como yo estaba sentado cerca, lo escuché todo. Recuerdo que sonreí porque aunque tarde, la Flaca había conseguido su venganza y yo tuve la oportunidad de escribirla.


5 comentarios:

  1. Hola, Ryan:
    Este cuento es muy sencillo y realista. Has logrado una buena pintura de las relaciones juveniles: las situaciones, las bromas... Adelante.

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    1. Gracias por tu comentario beba y por pasarte por mi blog. La historia de este relato es semi real, ja ja.

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  2. Ryan, hace poco he participado del taller literario "Literautas", en donde he tenido oportunidad de leer e ir aprendiendo con los textos de todos los participantes. Me agrada haber visitado tu blog, a donde volveré para continuar con otras lecturas. Un saludo desde Medellín, en Colombia.

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    1. Gracias Leonardo. Tambien yo te seguire en literautas y si tienes un blog, apenas pueda lo visito. Saludos desde San Sebastian, Puerto Rico.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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