jueves, 25 de junio de 2015

La Isla de los Naúfragos: Capítulo 6

Recuerdos

            Cuando Kyra abrió los ojos no reconocía para nada el lugar en el que se encontraba. Era una estancia larga y profunda, oscura como boca de lobo. Un haz de luz de luna se colaba por una abertura pequeña. Después de mirarla unos segundos percibió que eran rejas.
            Intentó salir de la oscuridad, arrastrándose hacia la luz que se hallaba a tan solo un par de metros pero no pudo. Con una mueca de dolor cayó hacia adelante. Sentía sus músculos como si fueran fuego. Un dolor punzante cubría todo su cuerpo, haciéndola respirar con dificultad. Intentó levantarse nuevamente y se sintió mareada.
            –¿Qué lugar es este? –masculló para sí pero su voz se escuchó como un gruñido.
            Momentos después de un breve descanso, se movió unas pulgadas y tropezó con alguien que estaba tirado sobre el suelo rocoso. Se quedó en silencio, completamente quieta. Podía ver su rostro bajo la luz pálida. Los ojos estaban cerrados y aunque respiraba, tiritaba de cuando en cuando. Lo poco de sus ropas que veía estaba rasgada y sucia. Pero su rostro le parecía familiar. Mientras lo miraba, los recuerdos acudían a su mente.
            –¡Jafet! –exclamó, olvidándose del dolor y acercándose a él.
            Tenía la piel fría. Lucía delgado y en cierto aspecto demacrado. Con desespero miró a su alrededor pero no descubrió mucho. Solo que la reja por donde entraba la luz era en realidad una ventana que estaba a unos metros de altura. Al otro lado de la habitación había más rejas y justo detrás una especie de sala con una columna en el medio.
            Intentó moverse pero aunque pudiera no podía cargar también con Jafet. Con un fuerte sollozo, se sentó en el suelo y colocó la cabeza de el en sus rodillas. Mientras pasaba las manos por el cabello negro y enmarañado, las lágrimas descendían hasta las mejillas. Pero después de unos minutos, aun llorando ella sonrió y comenzó a decir con una voz tambaleante que se apagaba a ratos.
            –¿Te acuerdas, Jafet, del día que nos conocimos? –preguntó. Él no contestó pero eso no le impidió a ella seguir. –En la clase de pre calculo, cuando el profesor nos dio aquel examen en el que toda la clase se colgó. Me parece verte frente a mí, mirándome con la boca abierta y sin poder hablar. Tenías un aspecto cómico que me pareció interesante.
            Kyra soltó una risotada y se limpió las lágrimas de su rostro, dejando de hablar durante unos segundos.
            –¿Te pareció interesante cuando te tomé la mano y te la besé, como si fuera un caballero de tiempos medievales? –preguntó Jafet rompiendo el silencio.
            Se incorporó lentamente pero no pudo sentarse y tuvo que desistir. Esperó a que Kyra dejara de besarlo, riendo como loca a la vez que le reclamaba por hacerla preocuparse tanto. Cuando al fin estuvo tan cansada para hablar, Jafet pudo decir unas palabras.
            –¿Cómo llegamos aquí?
            –No lo sé. Lo último que recuerdo es la cascada.
            –Claro, la cascada…ahora recuerdo.
            Se quedó muy quieto y con los ojos cerrados. Su respiración parecía agitada y algo dificultosa. Kyra lo observó con ojo crítico. Tenía que sacarlo de allí. ¿Pero cómo? Quizás si ambos unían sus fuerzas, podrían hacer que las rejas cedieran. Pensaba que no sería tan difícil debido a que las rejas, aunque de hierro, estaban incrustadas en suelo y paredes siempre húmedas. Debían ceder después de un par de agites.
            –Nunca debí proponerte que nos fuéramos de crucero.
            Esas palabras la sacaron de sus pensamientos.
            –¿De qué hablas?
            –Ya lo sabes. Nunca debí haber comprado esos pasajes, nunca –respondió él mirándola a los ojos.
            Su voz se quebró y cubrió su rostro con ambas manos. De vez en cuando Kyra notaba que un espasmo le recorría el cuerpo. Era lógico: estaba llorando.
            –Nos hubiese pasado algo peor quizás. Nunca sabes que nos deparará el futuro, Jafet.
            Lo dijo intentando tranquilizarlo pero supo enseguida que no había tenido ningún efecto: su propia voz había sido débil. Pero él solo se quedó en silencio y en pocos minutos volvió a dormir. Con un suspiro, Kyra se acurrucó a su lado y también se sumió en el mundo de los sueños.
           
            Haciendo guardia frente a la celda estaba la joven mujer que les había ayudado en el túnel. Estaba de pie, inmóvil junto a una columna de roca repleta de dibujos tallados y desde allí les observaba. Bajo la luz de la luna que se colaba por las grietas, podía verse su hermoso rostro lleno de preocupación. Sus ojos entornados buscaban una vía de escape mientras que sus labios fruncidos tenían una mueca de decepción. “Los ayudo y se meten de nuevo en la boca del lobo”, pensó. “Debo traer al otro”.

            Dando media vuelta, se perdió por los túneles que iban tierra adentro, siempre descendiendo.

3 comentarios:

  1. Hola Ryan. Excelente historia , Llena de acción que mantiene al lector "en vilo", precipitándose en la lectura como los personaje hacia la salida. Espero pronto la continuación.
    ¡Ah!... soy grace05

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  2. Tiene material para ser una buena novela, engancha al lector, la descripción de las emociones en los personajes centrales están bien logradas, los diálogos aportan fluidez al relato.
    Solo encontré un par de cositas creo que hay unos dos posibles errores ortográficos. Cuando dices "pre calculo" debió decir "pre cálculo" y cuando dice "coloco su cabeza sobre el..." debe decir " Colocó la cabeza sobre él". Pero eso que no te preocupe a mi me sucede todo el tiempo que en la euforia de escribir pierdo la visión de la forma, ahora he logrado corregir un poco a raíz de la crítica constructiva de los literautas

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  3. Gracias a ambos por sacar de su tiempo para leer y comentar. La continuacion viene pronto.
    Higinio, me di cuenta tarde de los errores pero gracias por mencionarlos. Definitivamente me alegro de haber participado con los literautas. Somos una familia.
    Saludos y gracias a ambos.

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