viernes, 3 de julio de 2015

La Isla de los Naúfragos: Capítulo 7

El Hundimiento del Caribbean Queen Pride

            Con un estruendo el crucero se tambaleó y se detuvo. Los marineros corrían de lado a lado, gritándose órdenes y sin detenerse a escuchar. Kyra y Jafet salieron juntos de su habitación. Ambos soñolientos y vestidos apresuradamente. Además de todo ese ruido, los había despertado una alarma que sonaba con insistencia.
            –¿Qué rayos sucede? –preguntó Jafet a un guardia de seguridad del crucero llamado Eddie.
             –Todos deben subir a cubierta –fue su única respuesta.
            –Espera, ¿Qué sucede? Oye, ¡oye!
            Pero Eddie se había alejado corriendo por el pasillo, dejando a Jafet enojado. Kyra se acercó y puso una mano en su hombro.
            –Deberíamos subir.
            Jafet asintió y ambos corrieron entre la multitud que empezaba a salir de sus habitaciones. Ninguno tenía idea de que sucedía y se les notaba en sus confundidos rostros. Después de subir tres escaleras, pues los ascensores estaban llenos, llegaron a cubierta.
            Era de noche. El oscuro cielo estaba llenándose poco a poco de nubes que tapaban las estrellas como un manto. De cuando en cuando un relámpago iluminaba las alturas y los truenos retumbaban a lo lejos. Las olas golpeaban contra el casco del crucero, salpicando espuma en la cubierta. Era indiscutible que el mar estaba picado.
            –Pónganse un salvavidas y aguarden en silencio –decía uno de los empleados de un hotel mientras un grupo los repartía, sacándolos de enormes cajas plásticas.
            Después de tomar uno cada uno, se los pusieron y aguardaron en silencio. A su alrededor las conversaciones eran de preocupación pero todas de lo mismo. Hablaban del estruendo y los gritos.
            –Jaf, no me gusta nada lo que sucede. Si Keven estuviera aquí…–dijo Kyra mientras miraba entre las personas que la rodeaban.
            –Ahí viene –señaló Jafet.
            Keven llegó corriendo y se detuvo frente a ellos jadeando. Su frente estaba perlada de sudor y en sus ojos castaños brillaba la preocupación.
            –Bomba, una bomba. Un suicida en el último piso –jadeó.
            –¿Estás seguro? –preguntó Jafet mientras ponía una mano en su hombro. Él asintió.
            –Lo escuché decir de uno de los guardias. Es un hecho.
            A su alrededor las personas escuchaban atentas y ahora murmuraban inquietas. Todas parecían mirar a los empleados que ahora acomodaban los botes salvavidas. Como confirmando las palabras de Keven, un estruendo sacudió el barco, haciendo que todos se tambalearan. Algunos cayeron por la borda y otros solo cayeron al suelo.
            Mientras se recuperaban del aturdimiento, llegó uno de los guardias corriendo y con un altavoz en la mano. Dio la orden de abandonar el barco y enseguida todos los empleados allí reunidos comenzaron a sacar los botes salvavidas y a acomodar a la gente en ellos.
            Keven, Jafet y Kyra subieron a uno junto a otras personas que nunca habían visto. En cada bote cabían más o menos quince personas y cuando estuvieron a bordo, fueron bajados. Apenas tocaron agua se alejaron remando lo más rápido que pudieron. Minutos después el barco se alzó del agua y con un chirriante crujido metálico, se partió por la mitad y terminó de hundirse.
            Vieron mas botes en las cercanías y gente que subía a ellos.
            –Deberíamos hacer algo –comentó Kyra con desesperación.
            Observaba con impotencia como las personas se aferraban desesperadamente a lo que tuvieran cerca, ya fuera a un pedazo de madera o a algún bote.
            –Si subimos a más personas nos hundiremos todos, hermanita –dijo Keven con voz temblorosa.
            No pudo evitar un sollozo y apartó la vista, cubriéndose los ojos con las manos. Jafet la abrazó con fuerza mientras pasaba su mano por su espalda.
           
            Tiempo después escuchó un grito, un trueno rugió en lo alto y sintió que el bote se elevaba por los aires. Con un chapoteo cayó al agua. El mar la cubrió pero el salvavidas la hacía flotar y mientras intentaba llegar a la superficie, una mano la agarró y la ayudó a subir.
            –¡Gracias a Dios! –exclamó Jafet mientras la abrazaba.
            –¿Dónde está Keven?
            –No lo sé.
            Ambos hablaban con voces temblorosas. El frío era intenso y para completar había comenzado a llover. Las olas caían con ímpetu sobre ellos y el viento aullaba, mordiéndoles la mojada piel.
            –¿Qué sucedió?
            –Se desató una tormenta. El mar embraveció y una ola nos hizo saltar por los aires. Temo que los demás estén perdidos para siempre en las aguas –explicó Jafet.
            Kyra no dijo nada pero sintió una pena tan profunda que comenzó a llorar. Mientras se aferraba a Jafet, este uso su propio cinturón para amarrarse junto a ella. Al terminar la abrazó mientras le decía al oído que todo saldría bien.
            –¿Cómo puedes decir eso?
            –No sé cómo pero si sé que es cierto –fue su respuesta.

            Un chirrido la hizo volver a la realidad. Estaba acostada junto a Jafet, temblando de frío y cubierta de sudor. Al mirar a su alrededor recordó en donde estaba. Se estremeció e intentó dormir nuevamente pero otro chirrido más se lo impidió. La puerta se abrió con fuerza y por ella lanzaron a un sujeto, que cayó pesadamente al suelo, a un metro de ella.
            –Date prisa pues el tiempo apremia –escuchó a una mujer que decía.
            La figura que estaba en el suelo se quejó un momento y se levantó pero no dio ni un solo paso.
            –¿Kyra? ¿Eres tú? –dijo mientras la miraba.
            Conocía esa voz a la perfección y escucharla le hizo sentir una mezcla de emociones.
            –¿Keven?

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