martes, 18 de agosto de 2015

La Isla de los Naúfragos: Capítulo 8

Escape

                –Tenemos que salir de aquí ahora mismo –dijo Keven después que hubo saludado a Kyra y a Jafet, quien había despertado ya.
            –Jafet apenas puede moverse –apuntó Kyra angustiada.
            –Creo que puedo estarme de pie y caminar.
            Lentamente se levantó. En su rostro se dibujó una mueca de dolor por el esfuerzo. Al principio parecíaque no lo lograría y se tambaleó peligrosamente pero después pudo estarse de pie y dar algunos pasos. Apenas echo a andar llegó hasta la reja de la puerta y allí miró con atención la columna central de la cueva. Había algunos dibujos tallados allí. Brillaban de color azul claro aunque levemente, como si se fueran a apagar.
            –Más dibujos. Me pregunto quién los hizo –murmuró para sí.
            Kyra se acercó y lo ayudó a sentarse nuevamente.
            –¿Puedes sacarnos?–preguntó mientras se sentaba al lado de Jafet.           
            –Sí.

            La oportunidad de escapar llegó unas horas después. No llevaban más de dos días encerrados en esa cueva pero para Kyra y Jafet habían pasado meses. Dormir en ese suelo les tenía la espalda hecha trizas y las piedras se clavaban sin misericordia en la carne. De vez en cuando escuchaban a los murciélagos revolotear en algún punto sobre sus cabezas.
            Cuando se hizo de día y se coló un pequeño haz de luz por la reja más alta vieron que el suelo era de tierra rojiza llena de guijarros de todos tamaños y colores. Los dibujos de la columna perdían su brillo durante el día. Las varas de hierro de la reja eran de buena fabricación pero estaban oxidadas en varios puntos.
            Desde el silencio Kyra observó que había tan solo un par de guardias en la estancia y ambos daban una ronda solo cuando traían la comida. Por vestimenta solo llevaban un pantalón y del cuello les colgaban muchos collares. Ambos tenían la espalda surcada de enormes cicatrices que brillaban de forma extraña en la oscuridad.
                –Saldremos en la noche –le había dicho su hermano.
            Aunque le agradaba la perspectiva de salir de allí, estaba preocupada. Jafet decía que podía caminar pero se tambaleaba después de dar unos pasos. Era tan terco que la sacaba de las casillas. En cuanto a Keven, ¿quién lo había dejado entrar y por qué? Todo podía ir tremendamente mal y encima de todo sentía que perdía el control. A veces quería salir corriendo, gritar, llorar y patalear hasta quedarse dormida y cuando despertara, hacer lo mismo. Pero a veces se sentía invadida por la ira y sentía ganas de pelear. Ya le había sucedido algo en la playa, algo que aun no entendía bien y que no quería repetir.
            –No hay esperanza –se dijo en voz baja.
            No estaba muy segura pero comenzaba a creerlo. Sin embargo, Jafet creía que saldrían de la isla. Solo el recordar que había creído que su hermano estaba vivo era lo único que le hacía apoyarlo. Pero las esperanzas eran pocas e infundadas. Irremediablemente estaban perdidos en una isla de salvajes. Y lo más que le molestaba es que solo quería irse de allí y a Jafet todo le interesaba. Desde los dibujos hasta las piedras; estaba interesado en todo.

            El momento de escapar les tomó por sorpresa. Primero hubo una ligera agitación entre los guardias y luego dos golpes sordos. Ambos cayeron de bruces junto a la columna. Kyra se acercó a Jafet, quien se había levantado deprisa. Intentaban descubrir que había sucedido cuando una mujer se acercó a la celda. Era la mujer rubia que habían visto en el túnel. Sin hacerles caso, sacó un manojo de enormes llaves plateadas y metió una en la cerradura. Con un clack, esta se abrió.
            –Vamos, salgan. No tenemos todo el día –dijo.
            Ahora percibían con claridad que ella tenía un acento británico. Por el tono de su voz Kyra supo que era mejor no discutir pero no se movió; aun cuando Keven y Jafet cruzaban ya la puerta.
            –¿Por qué nos ayudas?
            –Ya les explicaré todo más tarde pero ahora es menester que salgamos de aquí antes de que nos vean –respondió ella.
Luego, dándoles la espalda, se dirigió a la salida.Kyra, quien no estaba convencida, corrió detrás de Keven y Jafet. Al llegar a la salida de la cueva se quedó sin respiración.
            La cueva estaba justo en la cima de una colina. Frente a ellos, a muchos metros bajo sus pies brillaba un claro de hierba verde que era perezosamente movida por una suave brisa del oeste. Al horizonte distinguían la oscura línea del bosque que se alzaba amenazante. No había más colinas a los lados. El cielo estaba ese día de un color azul pálido y el sol se ocultaba entre las nubes grises que se aglomeraban en las alturas.
            –¿No era mejor haber salido en la noche? –murmuró Jafet en voz baja, parpadeando debido a la luz.
            La mujer, que estaba solo a unos metros por delante de ellos, alcanzó a oírlo.

            –Los salvajes son más activos de noche. Por eso debemos huir deprisa y crearla mayor distancia posible entre ellos y nosotros –dijo. Luego se acercó a ellos y les dio una cantimplora.  –Beban deprisa y larguémonos de aquí. Les diré todo lo que sé cuando estemos a salvo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario