lunes, 31 de agosto de 2015

La Isla de los Naúfragos: Capítulo 9

Llegada a Roanoke

                Cuando el sol se puso habían llegado ya al borde del bosque. La colina era simplemente un punto lejano cuya cima se veía como una mancha rojiza; una cabeza sobre un cuerpo verde y cónico. Los árboles eran de tronco ancho, cubierto de un musgo gris que parecía una vestidura. Las hojas eran oscuras y las ramas se extendían como brazos que amenazaban con agarrar a quienes se les acercaran.
            Una fina niebla se arrastraba por el suelo del bosque, sobre la alfombra húmeda de hojas secas. La luz apenas entraba entre el frondoso techo. De vez en cuando escuchaban extraños ruidos que provenían de las ramas más altas.
            –¿Falta mucho? –preguntó Kyra, quien había estado a punto de perderse un par de veces.
            –No –fue la respuesta de la mujer.
           
            Ya era completamente de noche cuando se encontraron frente a un arroyo de aguas rápidas. Se detuvieron unos minutos y después de beber de la cristalina corriente, mojaron sus pies. El agua fría les refrescó los cansados miembros y quitó en parte el nerviosismo que todos sentían al estar sumidos en la oscuridad.
            Siguieron el arroyo hasta que este se volvió a la izquierda. Luego giraron a la derecha y diez minutos después llegaron hasta un acantilado. Era pura oscuridad lo que les rodeaba pero al final del mismo vieron una luz anaranjada que titilaba. Al asomarse por la orilla y sentir la ráfaga helada, Kyra no pudo evitar temblar, sintiéndose un poco mareada. Se tambaleó y se fue de espaldas pero Jafet la sostuvo antes de que diera contra el suelo.
            –¿Qué sucede? –preguntó la mujer, percibiendo lo sucedido.
            –Le teme a las alturas –explicó Keven.
            La mujer bufó. Murmuró un par de palabras ininteligibles y luego los llevó hasta unos cerezos que crecían en las cercanías. Allí comieron hasta hartarse y después se quedaron dormidos, con excepción de Kyra.
            Después de un par de vueltas, se sentó y quedó mirando las estrellas en el firmamento. Era la primera vez en la isla que las observaba desde un lugar tan alto.
            –Hermosas, ¿verdad?
            Kyra se levantó sobresaltada. Había olvidado por un momento a la mujer. Esta se encontraba de pie a solo unos metros del barranco; una sombra delgada cuyo cabello parecía flotar. Pero algo había cambiado en su voz.
            –Si, lo son.
            La mujer sonrió y después dijo unas cuantas palabras en otro idioma, alzando las manos al cielo.
            –Gracias Dios por tan bella vista –añadió mientras se sentaba, recostando su espalda contra un arbusto.
            –¿Cómo te llamas?
            –Leah.
            Se hizo un silencio que solo rompió el susurro de las hojas. Un aroma dulzón flotaba allí de vez en cuando pero nunca duraba más de unos segundos.
            –¿En dónde estamos? ¿A dónde vamos? ¿Qué sucede en esta isla? –preguntó Kyra, sin poder contener las preguntas que llevaban dando vueltas en su mente.
            –Mañana sabrás todo –dijo Leah.
            Y antes de que pudiera preguntarle otra cosa, Leah se levantó y se alejó entre los arbustos.
           
            El camino apenas tenía metro y medio de ancho y  descendía siempre a la derecha en una pendiente diagonal. Para no caer debían avanzar lentamente, caminando de lado, pegando la espalda a la rocosa pared. Las rocas que sobresalían rasgaban las ropas de todos y en algunos casos arañaban la piel. Aun así, solo se sobresaltaban un instante y con un breve siseo proseguían la marcha ya que un resbalón producido por un salto repentino les produciría una espantosa muerte.
            Como cabría de esperar, Leah abría la marcha y lo hacia moviéndose con rapidez. Sus muslos firmes y sus brazos brillaban por el sudor. Detrás de ella iba Keven y luego Jafet. Kyra iba al final, con los ojos cerrados y sin dejar de murmurar.
            Horas después llegaron al fondo del barranco y se encontraron en un valle pequeño cuyo suelo estaba seco y cuarteado. Algunas piedras grises y enormes sobresalían del suelo. Los restos de arbustos y hierbas secas abundaban allí.
            –¿Esos huesos son de humanos? –preguntó Jafet, señalando unos restos blancos junto a las piedras.
            Leah asintió.
            –Como vez, no todos sobreviven al camino –dijo.
            Reanudó la marcha a paso vivo. Sorprendentemente Kyra ahora la seguía de cerca mientras esta sonreía al escuchar sus pasos. Al principio se movieron lenta y forzadamente pero luego el suelo cambió por completo. La tierra pelada fue invadida por una hierba verde y suave.  Los arbustos secos se convirtieron en pequeños arbustos y serpenteando alegre entre ellos se hallaba un riachuelo carente de piedras. Sus aguas eran cristalinas y refrescantes.
            Unos veinte metros después de pasar el riachuelo se toparon con una empalizada de madera. Esta tenía más o menos unos cuatro metros de altura y detrás de la misma se alzaban unos edificios altos y delgados. En estos se observaban las figuras indiscutibles de centinelas.
           
–¡Alto! –gritó una voz cuando Leah se acercó a la puerta. –¿Quiénes vienen contigo, Leah?
–Son náufragos que han huido de las cárceles de los salvajes. Ellos están dispuestos a ayudarnos.
–¿Ayudar? ¿Cómo podríamos ayudar? –preguntó Kyra alterada. Dio unos pasos adelante pero Keven y Jafet se lo impidieron.
–Amor, deja que Leah lo resuelva.
Leah se volvió a ella y acercándose, le habló al oído.
–Es la única manera de que permitan que ustedes se queden aquí. Si no, los mataran. –Luego se volvió hacia las murallas. –¿Qué dicen?
Después de unos agónicos minutos el silencio fue roto por un crujido. Lentamente la puerta se abrió. Un hombre calvo y alto, de más de dos metros de altura, se acercó hasta Leah. Llevaba puesta una larga túnica marrón con capucha pero sin mangas y en sus manos un báculo alto de madera brillante. En la punta del mismo brillaba un zafiro enorme con forma de punta de lanza.

–¡Bienvenidos a Roanoke!

1 comentario:

  1. Parece que es una buena historia, no tengo idea de los capítulos precedentes.
    Si no lo tomas a mal te digo que prestes más atención a la corrección, sobre todo a los guiones largos.
    Esta parte me gustó, un abrazo.

    ResponderEliminar