jueves, 19 de noviembre de 2015

El Principio de la Venganza de Lady Constance


          Lady Constance miraba por la ventana. Apenas estaba anocheciendo. Una sombra de preocupación afeaba su rostro. Ya habían encendido los faroles cuya luz amarilla iluminaba la siempre solitaria calle. Un coche tirado por caballos esperaba junto a la acera y el cochero aguardaba a su lado, fumando mientras el humo subía en espirales.
            Con un suspiro, dejó de prestar atención a lo que acontecía afuera y en cambio fijó su vista en su propio reflejo, que le mostraba el cristal. Una joven de cabello rizado rojo, cejas arqueadas, ojos verdes y labios delgados, finos y rojos le devolvía la mirada. Arregló su cabello, dejando que cayera por su espalda como una cascada escarlata.
Sonriendo satisfecha consigo misma, iba a dar la vuelta cuando un golpe en la puerta la devolvió al estudio. Se dirigió hasta su escritorio y encendió el candelero. Segundos después un sujeto menudo rodó por el suelo hasta chocar contra una silla. Detrás venía Víktor, su mano derecha: un hombre alto y delgado, de largo cabello castaño. Cerrando de un portazo, cruzó la habitación y agarró al sujeto por el cuello, obligándolo a ponerse de rodillas.
            Lady Constance, el invitado que esperaba anunció.
            Constance asintió y se acercó a ambos. El sonido de sus pasos era absorbido por la enorme alfombra roja que cubría el suelo del estudio. Su caminar era elegante. El sujeto temblaba al verla acercarse: era gordo, con un rostro muy parecido al de una rata. «Una enorme y asquerosa rata», pensaba ella, sin poder evitar sonreír en sus adentros. El terror era evidente en el recién llegado: sus ojos se abrieron de par en par y su respirar se hizo ruidoso y agitado. Intentó alejarse pero Víktor lo sujetó con fuerza, obligándolo a quedarse donde estaba. Constance sonrió.
            Tú…tú eres…balbuceó retorciéndose.
            Lady Constance, hija de Lord Jacques Drake dijo ella, sentándose sobre el escritorio. Lentamente agarró un cuchillo que descansaba sobre un enorme libro y comenzó a acariciar el filo, pasando su pulgar—. Ahora dime, ¿quién dio la orden?
            ¿Qué orden? ¿De qué habla mi Lady? preguntó el sujeto con voz empalagosa.
            ¿Y todavía tienes el descaro de negarlo? gritó ella y abalanzándose hacia él, le puso el cuchillo en la garganta. Una gota de sangre asomó allí donde le presionó con fuerza—. Dime lo que quiero saber porque no dudaré en rajarte la garganta —añadió con voz suave, apretando más el cuchillo e ignorando el olor a sudor y a cerveza que despedía el hombre.
            No sé quien dio la orden…balbuceó. Lady Constance hizo ademan de apretar más el cuchillo—. ¡Solo nos dijeron que recibiríamos un sobre y si estaba vacío, era la orden para matarlos! añadió con voz ahogada.
            ¿Dónde está ese sobre?
            En mi chaqueta, bolsillo derecho respondió, respirando agitadamente.
            Víktor buscó hasta encontrar el sobre, que luego entregó a Constance. Esta dejó el cuchillo sobre el escritorio y observó el sobre junto al candelero. Estaba hecho de papel apergaminado y solo tenía escrita una palabra justo en medio: Jack. Dándole vuelta lo abrió pero el sobre estaba vacío.
            ¿Cuál es tu nombre? preguntó sin apartar la vista del sobre.
            Jack Fuller respondió el sujeto.
            Víktor, ya puedes llevártelo dijo.
            ¿Con los otros? preguntó este.
            Sí.
            —¿Qué me van a hacer? preguntó Jack aterrado.
            Cállate y avanza si no quieres morir le espetó Víktor mientras lo levantaba con facilidad, dirigiéndose a la puerta.

«Uno menos en quien pensar… ya son siete y cuantos faltan, no lo sé», pensó mientras cerraba la gaveta de un golpe. Dirigiéndose luego al baño, se lavó el rostro para luego mirarse en el espejo. Unas lágrimas escurridizas bajaron por sus mejillas rápidamente. Con lentitud desabrochó su traje y observó la cicatriz en su abdomen. La llevaba desde aquella fatídica noche. La rabia brotó de repente y despegando el espejo de la pared, lo lanzó al suelo. Una lluvia de cristales se regó por la habitación.
 Al volver nuevamente junto a la ventana la envolvió el silencio. El coche ya no estaba. «Jack está de camino al infierno», pensó con forzada tranquilidad mientras se sentaba en su silla. Entonces clavó su mirada en un cuadro cuyas personas le miraban: un hombre alto y de bigote poblado junto a una alegre mujer de cabello rizado. Alargando la mano, agarró el retrato. Al pie del mismo y en letras grandes decía: Lord Jacques y Lady Catelyn Drake. Hacía quince años que no los veía: quince años esperando encontrar al asesino de sus padres. Desde que tenía diez años. Llevándose el retrato a los labios, lo besó.
            Los vengaré a ambos. Lo prometo.

2 comentarios:

  1. Lady Constance... una dama de temer y que en el taller cautivó a más de alguno. Suerte con el proyecto del condensado.

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