jueves, 21 de enero de 2016

El Último Beso

El humo negro ascendía formando una espesa barrera que apenas dejaba entrar alguna luz. Las llamas crepitaban lamiendo la madera pero Mykaela aún no ardía. Parecía dormir con las manos cruzadas sobre el pecho. Su cabello negro estaba decorado con flores blancas que hacían juego con un traje del mismo color.
La noche pasó con lentitud. Para la mañana el fuego había consumido todo: solo quedaban cenizas y entre ellas, los huesos ennegrecidos de quien fuera su esposa. El humo, ahora blanco, ascendía en espirales delgadas. Víktor apartó la mirada: estuvo toda la noche viendo las llamas bailar ante sus ojos, habiendo derramado ya todas sus lágrimas. Sacó de su bolsillo un sobre apergaminado, con su dirección escrita en tinta negra. Lo aferró con fuerza, estrujándolo.
            —Era una buena mujer —dijo Lady Constance, quien acababa de llegar.
            —Gracias por venir, milady.
            Ella lo miró.
            —De nada, amigo mío. Lamento mucho tú perdida pero necesito tu ayuda con un asunto importante.
            Una suave brisa repentina sopló del este, arrastrando el humo y agitando con suavidad las briznas de hierba.
            —¿A qué asunto se refiere?
            —Al sobre —susurró ella después de una rápida mirada alrededor.
            Víktor se puso de pie enseguida. Era imposible que Lady Constance supiera eso. Iba a protestar cuando ella, metiendo la mano en un pliegue del vestido, sacó un sobre muy parecido al que él apretaba todavía en su mano y se lo dio.
            —Como verás, ambos somos víctimas de las mismas personas.
            Víktor no dijo nada. Miró el sobre, le dio la vuelta y lo abrió. La carta que contenía estaba escrita con una caligrafía pulcra, que denotaba educación por parte del escritor. Su expresión fue cambiando a cada palabra que leía, hasta llegar a ser de consternación.

            «Todo sigue de acuerdo al plan. Lord Jacques no quiere participar en nuestra pequeña acometida pero no podemos dejar cabos sueltos. Desde hace tiempo, el gran maestre duda de su lealtad. En cuanto a lo demás… solo debemos esperar a que las piezas estén en su lugar. Espera nuevas instrucciones y recuerda: si toca matar, muere también la familia».
           
No podía creer lo que acababa de leer. Buscó en la carta y en el sobre, intentando hallar algún indicio de su autor pero no encontró nada.
—¿Qué sabes del que las envió?
—Lo poco que me dijo el que la portaba —dijo Constance, encogiéndose de hombros—. Pertenecen a una orden antigua llamada la Orden de las Dagas Negras. Malvados y leales hasta la muerte, como me demostró el portador de esta carta. Si no estás de acuerdo con ellos, pagas con tu vida.
—¿Y por eso mataron a tus padres?
—Espero saberlo pronto, con tu ayuda, claro —respondió ella. Se acercó y  puso una mano en su hombro—. Eres el único en quien confío. No tengo a nadie más. Admito que no puedo devolverte a Mykaela, pero al menos podrás vengarla.
—Lo… lo pensaré —dijo Víktor con voz ahogada.

8 años atrás…
Sentía la suave mano de Mykaela acariciar su rostro. Besó su palma, haciéndola reír.
—Me ofrecieron un trabajo —dijo, sentándose en la cama.
—Víktor…
—No lo he aceptado.
Ella suspiró. Colocándose detrás de él, lo abrazó para luego apoyar la cabeza sobre su hombro derecho. La brisa que se colaba por las ventanas abiertas amenazaba con apagar las velas.
—Lord Jacques te ayudó a salir de ese mundo. ¿Por qué regresar? —susurró ella en su oído, cruzando ambas manos sobre su pecho.
Víktor suspiró. Sentir el cuerpo tibio de Mykaela pegado a su espalda le daba confianza pero también le hacía temer.
—Lo mataron, Myka, lo mataron. Están matando a todos sus familiares. ¡Intentaron incluso matar a Lady Constance!
—¡Tú no perteneces a su familia!
—No, pero siempre me trató como a un hijo. Además —dijo y vaciló unos segundos—, temo por ti.
Mykaela se levantó y arrodillándose frente a él, puso sus manos en sus mejillas. Una sonrisa relucía en su rostro.
—No sucederá nada. Ya lo verás.
—Eso espero —murmuró Víktor, acercándose y besándola.

Volviendo a la realidad, Víktor observó la hoguera. Ellos mataron a su esposa así que debían pagar por eso.
—Puede contar conmigo, Lady Constance.
—Entonces debemos asistir a una fiesta en la mansión de Lord Dulles, uno de los sospechosos —dijo ella, dándose la vuelta y dirigiéndose hacia un carruaje que esperaba junto al camino—. Gracias, Víktor.
Este asintió en silencio.

«Un solo trabajo más, mi amor. El último. Lo prometo».

1 comentario:

  1. Ryan, como siempre tu fértil pluma. Ya te he comentado mi opinión sobre tu relato. Para mí, este siempre será tu fuerte.

    Por ello, estás en esta lista:
    Te he nominado a este premio:
    https://karenmarcescorner.wordpress.com/2016/04/29/k-marces-corner-nominacion-al-infinity-dream-award/?preview_id=277&preview_nonce=9b639a6095&preview=true
    Saludos, ¡Nos leemos!

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