miércoles, 8 de junio de 2016

Diario de una Víctima


            Querido diario: hace meses no escribo nada en tus páginas. Lo sé. Aunque parece ser un descuido mi excusa es que deseaba morir. Si, pensé quitarme la vida y quería dejar solo las páginas que de algún modo relataran mi pasada “felicidad”. Es que el viento se lleva las palabras mientras que las páginas aguantan todo lo que se les escribe. ¿Y por qué querría escribir ahora? Aunque odio recordarlo debo escribirlo ya que he cambiado de opinión: quiero vivir.
            Todo sucedió en el lugar donde se supone estaría más segura: en casa. Mi madre regresó del trabajo y me encontró tirada en el sofá, con la mirada perdida y la ropa rasgada. Aunque la escuchaba gritar entre lágrimas, zarandeándome desesperada, no respondí pues su voz me parecía lejana.
Los doctores me hicieron pruebas y los policías me hicieron preguntas, pero yo solo quería que me dejaran sola. ¿Es que acaso no entendían? ¿O quizás entendían tan bien que temían lo que pudiera hacer? Como sea, me aislé del mundo. Apenas salía de casa y cuando lo hacía, me cubría por completo. Un pedazo de piel descubierto me hacía sentir desnuda. En mi mesa de noche, antes atiborrada de libros y poemarios, ahora solo había gafas, bufandas y un sombrero. Para colmo no podía dormir. En las noches cualquier sonido me sobresaltaba: el sonar del teléfono, el aleteo de mi cotorra desde su jaula, las bocinas de los autos, entre otros. Tanto así que en las mañanas despertaba temblando, cubierta de un sudor frío.
            Pero una mañana me hastié. Tenía deseos de volver a sonreírle a la vida, de sentir la pálida luz del sol calentando mi rostro nuevamente. Mi imagen en el espejo había cambiado: ahora era la de una chica pálida e hinchada, de cabello negro despeinado, cuyos senos y vientre habían crecido un tanto. Se me paralizó el mundo.
¡La regla! Hacía meses que no me llegaba. Ese mismo día, una visita al doctor confirmó mi temor: estaba embarazada. Quince años y embarazada de un monstruo.
            No sabía qué hacer. Me recuerdo llorando, diciendo a gritos que no quería tenerlo. Momentos después me derrumbé sintiéndome sucia, más sucia que nunca.
            Mi madre dijo que me apoyaría en cualquier decisión que tomara pero me recordó que hablábamos de una vida y que nosotros éramos cristianos. Esas fueron sus palabras, palabras que yo no podía creer. ¿Es que acaso no sabía lo que me había sucedido, lo que me habían hecho? Llorando, le recordé que la víctima era yo. Pero su respuesta me impresionó aun más. Tanto que recuerdo cada palabra y aquí las escribo para nunca olvidarlas: “¿Qué te hace pensar que ese niño no es también una víctima? ¡Él no pidió venir al mundo de esa manera! ¿No tendrá padre y le quitarás también la vida? ¿Acaso podrás devolvérsela?”
            Esas palabras fueron como un puñal en mi pecho. Nunca había sentido tanto dolor. Recordé a las mujeres que cuidaban a sus pequeñines en el hospital, todas con sonrisas en sus rostros. Yo nunca sería igual. Ante esa cruel realidad lloré hasta no tener más lágrimas que derramar. Entonces comprendí que sin importar lo sucedido, no podía matarlo. Al fin y al cabo era mi hijo.
            De eso hace un tiempo. Hoy me sentí fuerte como para escribirlo. Aunque el propósito es doble. No sé como podré mirarlo a los ojos sabiendo que es fruto de una violación. Necesito algo que me refrene, que me ayude a ser fuerte cuando nazca. Quiero sonreírle, alegrarme al tenerlo en mis brazos. Pero no es fácil, aun sabiendo que el monstruo se pudrirá en una cárcel durante el resto de su miserable vida.

            No espero que mis próximas páginas sean de alegría; al menos no las que seguirán a esta. Cada vez que vaya a escribir reviviré mi vergüenza leyéndolas, pues solo así podré superarlo. Mi madre tenía razón: no permitiré que mi hijo sea otra víctima. Debo hacerlo porque sin importar lo sucedido, soy y siempre seré su madre.

2 comentarios:

  1. Hola: Es un cuento muy sentido; haces buen uso del lenguaje. No recuerdo haberlo leído en Literautas. ¿A qué consigna responde?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Primero que nada, gracias por la visita al blog y por comentar. Este relato es del taller 22 de Literautas, el telefono, la jaula y el sombrero creo que era.

      Eliminar