miércoles, 30 de noviembre de 2016

La Infección: Capítulo 7

Rugidos de Muerte

            —¡Nos sigue! ¡Nos sigue! —gritaba Beatriz, histérica.
            Hunter apretó los dientes. Los gritos de ella y el llanto de Connor le tenía los nervios de punta. Solo Mónica estaba en silencio, intentando normalizar su respiración a la vez que sostenía su pistola con fuerza. Ya sabía dispararla: tan solo aguardaba la oportunidad. Frente a ellos, la carretera estaba despejada. Detrás el monstruo jadeaba y a veces rugía. Hunter tuvo que girar casi por completo el guía debido a que la carretera ahora curveaba, internándose entre dos colinas. Al bajar la velocidad, la criatura se colocó junto a ellos. Los ojos rojos brillaban como la sangre. Beatriz abrió la boca para gritar pero no emitió ningún sonido.
            —¡Sujétense bien! —exclamó mientras giraba el guía hacia la izquierda.
            Pero la criatura previó el golpe. Rugiendo, corrió y golpeó con fuerza la puerta trasera del auto, que se abolló con un crujido metálico. Esta vez Mónica gritó. Beatriz agarró a Connor y se sentó en medio, intentando mantener distancia con las puertas. Hunter aprovechó que había entrado a una carretera recta durante más de una centena de metros y aceleró. Por el retrovisor podía observar a la criatura, que rugía furiosa sin desistir en su persecución.
            —Mónica, Beatriz, prepárense que esto se puede poner feo —dijo y hundió el freno.
            Con un enorme chirrido el auto se fue deteniendo a la vez que derrapaba hacia los lados. Hunter lo mantuvo lo mas derecho posible pero un impacto en la parte trasera les hizo girar en la carretera y caer en el campo, fuera de la brea. El plan había resultado. Agarrando la escopeta de manos de Mónica, Hunter bajó y corrió hacia la criatura, que yacía una docena de metros por delante de ellos. Aún estaba viva e intentaba levantarse cuando le dio alcance. Emanaba un olor nauseabundo y de sus numerosas heridas brotaba la sangre de un color verde ácido.
            Hunter se detuvo unos segundos y la observó de la cabeza a los pies. Su piel era lisa y en algunos puntos estaba creciendo un pelo ralo y negro. Sin pensarlo más, apuntó a la cabeza y disparó dos veces. La brea quedó llena de los restos de la criatura mientras la sangre formaba un charquito. Respirando aliviado, regresó junto a las mujeres y el niño, quienes permanecían en el auto. En sus rostros podía notar aun el miedo. Sin decir nada encendió el auto y siguió la carretera aunque no tenía idea alguna de donde estaban.
           
Un par de horas después se detuvieron en las afueras de una ciudad. Los deteriorados edificios se alzaban como sombras: recuerdos de un pasado al que era imposible volver.
—No entraremos ahí, ¿verdad? —susurró Mónica. Al ver que Hunter se quedaba en silencio, con la vista clavada en los edificios, añadió: —Si Connor llora, los atraeremos a todos.
Hunter suspiró.
—Buscaremos otra ruta.
Ambos estuvieron buscando durante minutos enteros hasta al fin encontrar una carretera que se alejara de la ciudad pero la misma quedaba cinco millas atrás. Después de discutirlo por varios minutos y con Beatriz ahora despierta y atenta, decidieron atravesar la ciudad en la mañana.
Los tres salieron unos minutos a caminar y estirarse hasta que el sol se puso en el horizonte. Entonces regresaron al auto y cerrando las puertas con seguro, intentaron estar lo más cómodos que podían.
—Antes solía desear a que sucediera algo así —comentó Mónica, rompiendo el silencio. Hunter la miró pero ella observaba por la ventanilla. Beatriz escuchaba atentamente.
—Todos deseamos algo así en algún momento de nuestras vidas —dijo Hunter restándole importancia.
—Sí, ¿pero a cuantos se les cumplió? —dijo ella y se giró hasta él—. Justo cuando yo lo hice, todo ocurrió.
Apenas terminó de hablar, restregó sus ojos y fijó su mirada al frente. Hunter hizo lo mismo. Beatriz se encogió de hombros y se impulsó hacia el frente, apoyando sus manos de los reposabrazos de los asientos.
—Me inquietan esas criaturas que salieron de los cadáveres… ¿De dónde salieron?
Ninguno pudo responder a esta pregunta y en poco tiempo se rindieron ante el sueño.

Hunter cubrió sus ojos mientras intentaba ver. Los restregó con fuerza y luego los abrió. Una intensa luz blanca brillaba sobre la ciudad, surgida casi de la nada le había despertado. A su lado, Mónica abrió los ojos de par en par e iba a gritar cuando Beatriz le tapó la boca.
—¡Shhhh! —dijo.
—¿De dónde salió? —preguntó Hunter inclinándose hacia el frente.
—Vino del oeste y se posó sobre la ciudad aunque no era tan intensa —susurró Beatriz, soltando a Mónica.
La luz siguió brillando con intensidad, ahuyentando las sombras. Entonces hizo ademan de apagarse y volvió a brillar con intensidad para luego apagarse, siguiendo ese patrón de forma intermitente. Estuvo así por unos minutos hasta que se apagó y cuando lo hizo pudieron ver otras luces menores, también blancas pero menos intentas. Estaban sobre algo que parecía una nave de forma circular.
            Hunter tragó saliva y abrió los ojos de par en par, sin poder creer lo que veía. Y mientras observaba, la nave subió lentamente unos metros para luego despegar con rapidez hasta desaparecer. Aun no se habían recuperado del todo cuando un rugido rasgó el silencio nocturno, devolviéndoles a la realidad. El rugido se hizo eco en la ciudad y en apenas segundos comenzaron a aparecer sombras que rugían entre los edificios.
            —¡Vienen hacia acá! —exclamó Mónica, aferrando la escopeta con fuerza.
—Intenten esconderse y no hagan ruido —dijo Hunter mientras se ocultaba lo mas que podía en el asiento.
Las mujeres obedecieron enseguida. En un principio no sucedió nada. Solo escuchaban su respirar agitado mientras esperaban. Segundos más tarde sintieron que algo caminaba junto al auto, resoplando con fuerza. La criatura se detuvo, rugió con fuerza, haciéndoles taparse los oídos y luego reanudó su camino.
Tardaron unos diez minutos en pasar y los rugidos se perdieron en la carretera, a espaldas de ellos.

Apenas el sol salió, estaban en marcha. La ciudad estaba completamente abandonada. Los edificios descoloridos y resquebrajados a duras penas se mantenían en pie. Muchos escombros obstaculizaban las carreteras ya que el bombardeo del ejército para intentar detener a los infectados, había tenido más éxito con los edificios. Algunos de estos tenían enormes machas negras. Muchos autos destrozados ocupaban el estacionamiento frente a las aceras.
—Nacieron muchos aquí —comentó Beatriz, observando por la ventanilla. A su lado, Connor permanecía amarrado al car seat, moviendo sus piernas y brazos mientras reía atento a las muecas que Mónica le hacía.
—Debemos conseguir un lugar seguro pronto —masculló Hunter, observándolo todo. —Debe haber sobrevivientes.
Estaban justo en medio de la ciudad cuando se toparon con una enorme criatura que parecía estar muerta justo en medio del camino. Hunter buscó como rodearla pero no encontró forma.
—Bien, bajaré y veré que puedo hacer. Mónica, siéntate frente al guía por si acaso —dijo y bajó del auto luego de abrir el baúl. De allí sacó algunos cartuchos que amarró en su cintura y un rifle de asalto.
La enorme criatura hedía. El sol se alzaba en lo alto, calentando la brea y eso no ayudaba en absoluto. Limpiando el sudor con el dorso de su mano, Hunter llegó hasta la misma y la examinó. Era enorme: rechoncha, de piel negra y húmeda, arrugada como de anfibio, ojos saltones y un enorme hocico lleno de dientes. El cuerpo era como un enorme barril y las patas eran fuertes. Sus dedos terminaban en enormes y curvadas garras.
Intentó moverla un poco, sus patas al menos pero no había manera alguna. Fue hasta el auto,  recostándose del mismo. Mónica bajó la ventanilla.
—No hay manera.
—¿Está muerto?
—Sí.
Una expresión de alivio se adueñó del rostro de Mónica, quien incluso sonrió.
—Tomemos entonces un camino secundario.
Hunter iba a contestar cuando escuchó gritos que venían de la carretera, del lado izquierdo. Mónica encendió el auto y cerró la ventanilla pero Hunter corrió hasta allá solo para ver como dos muchachos combatían a los infectados. Uno de ellos estaba ensangrentado y apenas podía mantenerse en pie. Hunter se acercó y comenzó a disparar contra el grupo de cadáveres. La mayoría cayó al instante y los que no, intentaron levantarse solo para que los muchachos reventaran sus cráneos con bates. Pero un grupo salió del edificio a espaldas de ellos y se abalanzaron sobre el muchacho herido, quien fue sorprendido y aunque combatió a algunos, no pudo sobrevivir.
—¡Sean, no! —gritó el que quedaba en pie e intentó ayudarlo pero los gritos del joven moribundo cesaron casi de inmediato.
—Vamos, antes de que nos maten también —dijo Hunter, después de dispararles a los últimos infectados.
—No puedo dejarlo…no puedo…  —balbuceó el joven mientras observaba el cadáver de Sean, rodeado por los cadáveres de los infectados.
—Terminarás así si te quedas —dijo Hunter, sacudiendo. Pasados unos segundos, este asintió y lo siguió.
—¿Cómo te llamas?
—Hunter, ¿y tú?
—Jacob.
—Bien, Jacob, si quieres unirte sube al auto —dijo Hunter mientras abría la puerta trasera derecha de la Rav4. Jacob se detuvo.
—Espera, ¿saldrán de la ciudad? —preguntó. Hunter asintió—. No puedo salir. Hay un grupo de sobrevivientes que no puedo dejar: mi hermana y también mi novia están entre ellos.
            —¿Cuántos son? —preguntó Mónica, quien había salido del auto y escuchaba la conversación sin apartar los ojos del muchacho. La escopeta estaba firme en sus manos.

            —Unos veinte.

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